Supongo que hoy es uno de esos días donde no me alcanzaría garganta para gritar los sentimientos que me invaden cada que surge algo relacionado a ti. No sé cómo te sentirás ya que no hemos hablado en un tiempo pero no voy a reclamarte ni agobiarte con las miles de cosas que me gustaría contarte, quizá es porque es domingo y la pesadez de la semana recae hoy. No sé si lo sabes o lo intuyes o quizá ya se te olvidó pero te extraño, he dejado de tener miedo, el miedo que me hacia correr o alejar al mundo se ha ido, no sé cómo pero ya no esta. He dejado de batallar con los demonios que no me dejaban salir de los muros que construí. Ahora estás aquí conmigo, quizá no literalmente pero estás y yo ya no tengo miedo. ¿Sabes lo genial que se siente esto?. Necesito lugares pequeños donde pared a pared se vayan pintando las noches de insomnio gracias a tensiones o deseos. Tengo otros tatuajes en mente a los cuales si quieres me puedes acompañar. Extraño hablar contigo, tanto como extraño tu voz. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero -por si alguna vez lo llegaste a dudar- te quiero mucho más de lo que quería pero lo hago. Palabras son palabras y sé que no cuentan pero no escribiría este discurso imbécil si no lo sintiera. Me gustaría estar contigo ahora mismo y poder reírnos de todo esto. Tengo arranques emocionales de querer tenerte al lado como todas esas tardes paseando por las calles de una ciudad con el cielo color panza de burro, que tomes mi cintura para disminuir aún más el espacio entre los dos, que discutas las ideas del mundo las tuyas y las mías, el hecho de que los silencios contigo no son incómodos; hay tanto que mejor me callo. Te quiero a ti, a tu manera de ser con tus ideales y tus ganas, te quiero con el mundo que llevas, te quiero incluso con tus gustos musicales, te quiero con tus manías, te quiero sin importarme domingo, 23 de febrero de 2014
Te quiero.
Supongo que hoy es uno de esos días donde no me alcanzaría garganta para gritar los sentimientos que me invaden cada que surge algo relacionado a ti. No sé cómo te sentirás ya que no hemos hablado en un tiempo pero no voy a reclamarte ni agobiarte con las miles de cosas que me gustaría contarte, quizá es porque es domingo y la pesadez de la semana recae hoy. No sé si lo sabes o lo intuyes o quizá ya se te olvidó pero te extraño, he dejado de tener miedo, el miedo que me hacia correr o alejar al mundo se ha ido, no sé cómo pero ya no esta. He dejado de batallar con los demonios que no me dejaban salir de los muros que construí. Ahora estás aquí conmigo, quizá no literalmente pero estás y yo ya no tengo miedo. ¿Sabes lo genial que se siente esto?. Necesito lugares pequeños donde pared a pared se vayan pintando las noches de insomnio gracias a tensiones o deseos. Tengo otros tatuajes en mente a los cuales si quieres me puedes acompañar. Extraño hablar contigo, tanto como extraño tu voz. Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero -por si alguna vez lo llegaste a dudar- te quiero mucho más de lo que quería pero lo hago. Palabras son palabras y sé que no cuentan pero no escribiría este discurso imbécil si no lo sintiera. Me gustaría estar contigo ahora mismo y poder reírnos de todo esto. Tengo arranques emocionales de querer tenerte al lado como todas esas tardes paseando por las calles de una ciudad con el cielo color panza de burro, que tomes mi cintura para disminuir aún más el espacio entre los dos, que discutas las ideas del mundo las tuyas y las mías, el hecho de que los silencios contigo no son incómodos; hay tanto que mejor me callo. Te quiero a ti, a tu manera de ser con tus ideales y tus ganas, te quiero con el mundo que llevas, te quiero incluso con tus gustos musicales, te quiero con tus manías, te quiero sin importarme
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